En la primavera de 1898, Tampa se convirtió en la base de una guerra, y el Tampa Bay Hotel en su cuartel social. La interpretación del museo Henry B. Plant sobre aquel verano de la Guerra Hispanoamericana sigue siendo su historia más dramática.
Miles de soldados acamparon por toda la ciudad esperando embarcar hacia Cuba; oficiales como Theodore Roosevelt hicieron de las verandas del hotel su salón, meciéndose entre bailes y despachos mientras los corresponsales informaban desde los jardines. Las exhibiciones del museo combinan el glamur — los grandes bailes de aquella temporada febril — con la realidad de los soldados bajo el calor de Florida.
La guerra duró meses; la leyenda del «pequeño y espléndido verano» de Tampa ha durado 125 años.
Párate en la veranda donde sucedió. Los minaretes lo recuerdan todo.


