Portland se toma el juego en serio, y sus parques infantiles lo prueban. En el norte, Peninsula Park combina un jardín de rosas hundido con un parque de juegos clásico y una querida zona de chorros veraniega, todo bajo árboles imponentes. Westmoreland Park, en Sellwood, reinventó el juego con su área de juego natural —rocas, troncos, arena y agua donde los niños ingenian sus propias aventuras.
El parque más entrañable de la ciudad es Harper’s Playground, en Arbor Lodge Park: diseñado para niños de TODAS las capacidades, con superficies suaves, columpios inclusivos y elementos musicales — un modelo que hoy inspira parques en todo el mundo. El parque de la cima volcánica del monte Tabor y el estanque de patos de Laurelhurst completan los favoritos locales.
Lo mejor: son gratuitos, sombreados y están repartidos por todos los cuadrantes. La infancia en Portland, en su mejor versión, sucede al aire libre.

