Filadelfia guarda una de sus historias más valientes a plena vista. A orillas del río Delaware, en el suroeste de la ciudad y junto al aeropuerto internacional, Fort Mifflin sigue en pie tras sus muros blancos de piedra: un Monumento Histórico Nacional conocido con orgullo como «el fuerte que salvó a América».
El apodo se lo ganó a pulso. En el otoño de 1777, tras la ocupación británica de Filadelfia, su pequeña guarnición resistió semanas de asedio y uno de los bombardeos más intensos de la Guerra de Independencia, defendiendo el río el tiempo suficiente para frenar a la flota de suministros británica. Los defensores se retiraron por fin en bote la noche del 15 de noviembre de 1777, dejando su bandera ondeando, y le dieron a George Washington un tiempo precioso en su camino a Valley Forge. Reconstruido entre 1798 y 1800, el fuerte siguió en servicio en conflictos posteriores y muchos de sus edificios se conservan hoy.
La visita actual es muy vivencial: camina por las murallas, asómate a las casamatas y al polvorín, recorre el alojamiento de oficiales y el antiguo hospital, y procura coincidir con una visita guiada o con una atronadora demostración de cañón. También hay buenas noticias de conservación: una restauración mayor acaba de estrenar techos nuevos en el Officers’ Quarters y en el Hospital Building, dos de sus edificios más vulnerables.
Fort Mifflin abre de miércoles a domingo, de 10:00 a 16:00, de marzo a mediados de diciembre. Ven en familia, disfruta las vistas del río y los aviones que pasan sobre tu cabeza, y conoce al pequeño fuerte que se negó a caer.
Foto: R’lyeh Imaging, vía Wikimedia Commons (CC BY 2.0).


